¿Ya te cansaste de las manías y malos hábitos de tu pareja?

Cuando empezamos una relación solemos pasar por alto ciertas conductas de nuestra pareja que no nos resultan tan molestos. Al menos al principio.  Pero con el paso del tiempo, la repetición, la acumulación de otras factores y la recuperación de una visión menos idealizada de la persona, lo que no importaba termina por hartar y se vuelve un punto de conflicto y tensión al interior de una relación. Sabiendo que todos tenemos defectos y manías, ¿por qué de pronto las de tu pareja te parecen tan insoportables?

Partimos del siguiente escenario
Tu y tu pareja ya han estado juntos por algún tiempo.
En particular para ti hay algunos hábitos o conductas de tu pareja que nunca te gustaron tanto, pero que al final dejaste pasar porque no eran tan importantes.
Cómo apachurra la pasta de dientes, que deje enfriar el café, que no cierre bien la puerta del clóset o que no haga las cosas que le pides “de la manera correcta” (es decir, como tú quieres que las haga y como tú crees que es lo correcto).
De hecho hasta cierto punto tú te encargaste de corregir esas “faltas”, acomodando minuciosamente la pasta “como debe ser” todas las noches, sirviéndole café caliente o cerrando la puerta del clóset antes de apagar la luz.

Pero ahora… todo se ha vuelto un problema
Resulta que parece ser que con el paso del tiempo, eso que para ti no era tan molesto o tan importante, se ha empezado a convertir en una tortura o un verdadero infierno.
No sólo ya les has dicho de muchas maneras a tu pareja lo que te molesta que tenga esos hábitos o manías, sino que todo empeora cuando minimiza el hecho, te da el avión o te sigue la corriente o te dice que va a cambiar, pero regresa a lo mismo una y otra vez.

¿Qué pasó en ti?
La primera respuesta que nos puede venir a la mente es que simplemente ya te hartaste.
Aunque lo anterior puede ser verdad, también es posible que lo que agrave tu malestar es haber llegado a una explicación acerca de las razones por las que tu pareja actúa como actúa o por qué se resiste a cambiar algo que es tan sencillo, que qué le cuesta y que le has pedido tantas veces.
De las primeras cosas que uno piensa es que le vale, que ya no te quiere, que te quiere hacer la vida imposible. Te haces muchas preguntas que realmente son conjeturas que se te hacen probables como:
¿Acaso hace lo que hace por que te odia y quiere que de un coraje te de una apoplejía o un infarto?
¿Quiere llevarte al extremo del hartazgo porque se quiere deshacer de ti y ya quiere que te vayas de su vida?
¿Tiene alguna deficiencia mental que le imposibilita entender una instrucción tan elemental como “cie-rra bien la puer-ta del clo-set…”?
Esto en psicología se llama atribución:
Es una explicación del “porqué” una persona ha efectuado un comportamiento determinado.

El problema es que puedes estar teniendo errores de atribución que malignizan su conducta.
Los humanos siempre estamos tratando de explicar por qué suceden las cosas, pero esas explicaciones no siempre corresponden con la realidad, sino con lo que nos es más fácil explicar a nosotros de acuerdo a como nos sentimos o las creencias que ya tenemos..
Entonces si alguien hace algo que nos molesta, decimos que lo hace “para molestarnos”.
Suena hasta lógico, pero esto no necesariamente es cierto.
Una persona puede hacer lo que sea que haga porque así está acostumbrada a hacerlo.
Si a alguien ya le he dicho que no me gusta que presione de forma desordenada el tubo de la pasta de dientes y lo sigue haciendo, entonces es que no le importa lo que yo le digo, por lo tanto no soy importante para esa persona, por lo tanto me ve como poca cosa, por lo tanto me trata como le da la gana porque no valga nada a sus ojos.
Y ojo que todo empezó con que apachurro mal la pasta.
Digamos que la explicación que tú te das la tomas como la única posible o la más lógica de acuerdo a tu experiencia subjetiva.
Haces de explicación y conducta una sola cosa y si tu explicación involucra malignidad, a la conducta le atribuyes equivocadamente lo mismo.
Para colmo de males, a tu conducta ansiosa y controladora le atribuyes un halo de bondad diciendo que tú sólo quieres que se hagan las cosas bien, que se haga lo correcto y que en última instancia insistes en lo que insistes “por el bien de todos”.

¿Entonces qué demonios pasa con el otro que no coopera?
Lo más seguro es que la conducta del otro, al menos al inicio, poco tenga que ver contigo.
De hecho es un pensamiento muy narcisista creer que el mundo entero sólo existe para conspirar en tu contra y hacerte infeliz.
Probablemente el otro no entiende el por qué de tus reglas o necesidades.
Quizá entiende que te moleste, pero no entiende por qué de eso se hace un problema.
Ya está reactante.
Mientras más le digas que lo haga, menos lo va a hacer, pero no es para molestarte, sino para preservar su libertad.
Esto es muy común si eres demasiado insistente.

Y no podemos descartar el efecto del confinamiento y la pandemia en este momento.
Si antes de todo esto solías ser una persona más tolerante y es hasta este período de confinamiento que te empezaste a poner demandante, intolerante y hostil con tu pareja, es muy probable que estés desplazando la ansiedad que sientes hacia un “enemigo” más visible que el coronavirus.
En este caso, como ya hemos dicho, recuerde que tu enemigo y el causante de la pandemia es muy poco probable que sea tu pareja.

¿Qué hacer?
Trata de elegir la explicación que aporte menos malignización.
Piensa al menos 3 explicaciones acerca de por qué tu pareja puede estar haciendo eso que te molesta tanto.
Porque me odia y le valgo.
Porque es un irresponsable.
Porque en su casa no lo educaron bien.
De las 3 elige la que te haga enojar menos. Quizá ninguna sea “bonita”, pero en este ejemplo, las dos últimas no tienen que ver contigo.
Y por cierto si cualquiera de las dos últimas fuera verdad, ni es tu culpa, ni es tu responsabilidad, ni está a tu alcance hacer algo con eso.
Habla con tu pareja no para imponer, sino para pedir ayuda.
Dile algo como: “Mira, a lo mejor te parece muy obsesivo de mi parte que quiero que cierres bien la puerta del clóset, pero la verdad es que me da como ansiedad verla entreabierta en las noches.  Yo se que en sí no tiene nada de malo y que no va a pasar nada, pero me gustaría que me ayudaras a que si la abres, por favor la cierres bien.  Eso me va a dar un poquito de paz. ¿Si?
Utiliza la psicología a tu favor.
Un elemento para esto es la asociación afectiva automática.
Si te la pasas viendo los defectos de tu pareja vas a ser más infeliz en tu relación.
Pero si en cambio, todos los días escribes 3 cosas que te gusten de tu pareja, idealmente que haya hecho que te hayan gustado ese día, vas a darte cuenta que no todo lo que haces es negativo y vas a aprender a nivelar la balanza.
Eventualmente de tanto ver que también tiene cualidades y cosas que te gustan (después de todo por algo le elegiste como pareja), empezarás a asociar su presencia con sentimientos más positivos.
De hecho sería aún más poderoso hacer un diario de gratitud de tu relación, donde cada noche escribas 3 cosas que agradezcas de tu relación que hayan pasado ese día y que te hayan traído paz o alegría.

Los defectos y manías de tu pareja no van a desaparecer porque
grites más fuerte o te de una parálisis facial.
El secreto es el significado que das a esos defectos
y el peso que le des a cada uno.

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