Hiperpaternidad: cuando los padres temen a sus hijos

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Hiperpaternidad: Se trata de un modelo de crianza contraproducente, pues da el control a los niños sobre los padres. Y son estos últimos los que pasan el mando a los niños, consintiendo sus malas conductas y redimiéndolos con la justificación de que “son niños”.

Lamentablemente, la autoridad de los padres queda menoscabada, ya que estos sienten que retar o disciplinar les causará molestia a los “pequeños reyes”. Es como si tuviesen que pedirles permiso antes de corregirlos.

¿En qué consiste la hiperpaternidad?

La hiperpaternidad está muy relacionada con la sobreprotección; los papás quieren evitar a toda costa que los niños se aburran y que tomen decisiones responsables. Saben de memoria cómo deberían educar a los niños, pero se valen de excusas para no hacerlo, y no toleraran que otros adultos sean más firmes con sus hijos, sin importar las consecuencias de su comportamiento.

Tristemente, la figura materna o paterna termina desapareciendo. Los hijos comen lo que quieren, a la hora que quieren; son ellos los que eligen qué hacer y dónde hacerlo… cuando se cansan de llorar en los brazos de sus progenitores se pasan a su cama, desplazando incluso a mamá o papá, quienes tiene que dormir en otro lado. Terminan usando el llanto como manipulación y los papás ceden, todo para evitar decir la palabra “no”.

¿A qué se debe?

Estos papás se sienten mal por no estar al lado de los hijos todo el tiempo, pero se van al otro extremo al tratar de controlarlos a distancia. Al superprotegerlos, terminan asfixiando a sus retoños, sin darles la posibilidad de ser seres autónomos ni madurar adecuadamente.

El comportamiento de los niños pasa a ser el de verdaderos déspotas, ya que se acostumbran a que los padres harán todo por ellos. Por lo tanto, exigen de los demás sin pedir por favor, encontrando muy difícil tolerar cualquier frustración. Detrás de esa coraza se esconde el miedo, ya que temen a lo desconocido: a cruzar la calle solos, a pedir una indicación a otra persona si se pierden, etc. Y las consecuencias no son positivas, ya que se convierten en adolescentes retraídos, sin creer en sus propias capacidades.

La constante estimulación, la falta de tiempo y tener todo al alcance hacen que este modelo de educación monitoreada a distancia –evitándoles a los niños cualquier esfuerzo– bloquee el desarrollo de los hijos, sin que puedan ser conscientes de sí mismos y del mundo que les rodea, disminuyendo su sentido de responsabilidad.

Un doble mensaje

Cuando los padres actúan de este modo, transmiten un mensaje confuso a sus hijos: por un lado les piden que crezcan y se comporten de acuerdo a su edad, pero por otro se les ofrece una mamadera cuando ya son capaces de beber en taza; se les mete un chupete en la boca cuando necesitan expresar sus necesidades; se les lleva en cochecito cuando pueden correr por el parque. Al crecer, cuando están listos para desarrollar una habilidad y no la logran ejecutar, se resiente su maduración psíquica.

Como el niño es tratado como un bebé, en vez de progresar, se infantiliza. Y luego, se le está pidiendo que dé su opinión, dejándolo aún más confundido. Ya en la adolescencia, los padres los estimulan a tomar clases particulares de inglés, de música, de ciencias, pero descuidan los quehaceres domésticos en los que deben colaborar, responsabilidades tan básicas como hacer su cama o poner la mesa. Se trata de una contradicción gigante entre la teoría y la práctica que merma su independencia y su autoestima. En realidad, el amor propio de los padres también es afectado, una vez que los hijos toman malas decisiones y se confirma su mayor temor: ser malos padres.

¿Qué se puede hacer?

Se deben fijar normas desde el principio. Si los papás dudan respecto a la mejor manera de ejercer su rol, pueden seguir una pauta de crianza recomendada y ser responsables al cumplirla.

El pequeño debe comprender que el amor de los papás no significa permisividad. Con el pasar de los años, aprenderá que madurar implica superar desafíos, sufriendo a veces. No deben olvidar que educar es dirigir a los hijos, encaminarlos para que desarrollen habilidades, valores, modales, respetando siempre la autoridad de quienes se la merecen.

Se ha demostrado que la falta de autoridad y de apoyo causa frustración e inseguridad, incluso una sensación de abandono. Si los padres no proveen esta figura autoritaria, la terminarán buscando en otra parte.

Los niños no son capaces de educarse solos, requieren de adultos responsables que los críen coherentemente, con dedicación y tiempo, enseñándoles con su ejemplo. De esta manera aprenderán que todo ser humano tiene derechos y deberes, y que cada acto tiene una consecuencia; sólo con esfuerzo y capacidades desarrolladas llegarán a ser adultos competentes y autónomos. Más que hacer solamente lo que amamos, la persona debe aprender a amar lo que hace, y son los padres los que mejor pueden enseñar a sus hijos a desempeñarse en la vida real, libres de caprichos.

Violencia en el Noviazgo

¿Por qué ocurre la violencia en el noviazgo y cómo puedes prevenirla?

La violencia contra las mujeres en el noviazgo se manifiesta de igual forma que en las relaciones adultas, sin embrago tiene ciertas características propias del periodo de la adolescencia, en donde la falta de experiencia o la idealización del amor pueden contribuir a pasar por alto detalles o situaciones de alerta que poco a poco van dándole paso a la violencia

La violencia contra las mujeres en el noviazgo se manifiesta de igual forma que en las relaciones adultas, sin embrago tiene ciertas características propias del periodo de la adolescencia, en donde la falta de experiencia o la idealización del amor pueden contribuir a pasar por alto detalles o situaciones de alerta que poco a poco van dándole paso a la violencia de género hacia a las mujeres y que gradualmente van sentando las bases de una relación violenta.

Pero, ¿cuáles son las causas que contribuyen a que exista la violencia en el noviazgo?

Las chicas en esta etapa tienen poca o nula experiencia en las relaciones de pareja. Lo que saben de ellas está fuertemente influenciado por la televisión, el cine, la música o las revistas juveniles que en muchas ocasiones reproducen y refuerzan actitudes y comportamientos machistas y sexistas.

La inexperiencia en las relaciones afectivas, en los comportamientos adecuados en las mismas y, sobre todo, su falsa percepción de cómo deben ser, las sitúa en una situación de riesgo.

La cultura del amor romántico ejerce una enorme influencia en el periodo de la adolescencia y posibilita el establecimiento y mantenimiento de relaciones que se podrían considerar potencialmente destructivas. Una visión excesivamente romántica del amor puede contribuir a que las jóvenes toleren una relación asfixiante en la que el sentimiento amoroso se utiliza como justificación del control que la pareja pueda ejercer. Esta misma visión contribuye a que los jóvenes se relacionen desde un rol estereotipado que asocia el control con la masculinidad.

La adolescencia es un periodo de rebeldía y de afirmación frente al mundo adulto, lo que puede perjudicar la revelación de una situación de violencia. Las jóvenes temen a las diversas reacciones de las personas mayores: que subestimen lo que les ocurre, que las “controlen” o sobreprotejan, que denuncien a su pareja, o las alejen de ella. En resumen, que prioricen su seguridad limitando su libertad

No identifican conductas de abuso psicológico como violencia. Cuando piensan en maltrato lo hacen pensando en agresiones físicas graves, aquellas que llevan a una mujer al hospital o la matan.

Consideran los celos como una muestra normal de amor que va a estar presente en todas las relaciones.

No detectan conductas de control como indicadoras de violencia.

Algunos estereotipos sexistas siguen presentes entre las y los jóvenes, como el estereotipo de “mujer objeto”, muy presente en los chicos.

Chicas y chicos son capaces de identificar situaciones de discriminación hacia las mujeres en la sociedad y en su entorno, pero en su propia relación de pareja no identifican conductas de abuso y minimizan la importancia de situaciones de violencia.

Al describir a su “pareja ideal” los chicos lo hacen como objeto sexual y las chicas eligen al “chico malo”, caradura o rebelde, que es el modelo atractivo; los modelos de atracción no son igualitarios entre la juventud, al contrario, atrae aquel o aquella más cercana al estereotipo tradicional.

Los peligros del amor romántico

Como bien lo explica Coral Herrera, nuestra cultura idealiza el amor femenino como un amor incondicional, abnegado, entregado, sometido y subyugado. A las mujeres se nos enseña a esperar y a amar a un hombre con devoción total. “Por amor” nos sacrificamos, nos dejamos anular, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestras redes sociales y afectivas. “Por amor” abandonamos nuestros sueños y metas, “por amor” competimos con otras mujeres y nos enemistamos para siempre, “por amor” lo dejamos todo…

Entre los muchos riesgos del amor romántico es que éste representa “una herramienta de control social, y también un anestesiante”, señala Herrera. “Nos lo venden como una utopía alcanzable, pero mientras vamos caminando hacia ella, buscando la relación perfecta que nos haga felices, nos encontramos con que el mejor modo de relacionarse es perder la libertad propia, y renunciar a todo con tal de asegurar la armonía conyugal”.

En resumen, es importante entender que el amor verdadero, y los noviazgos y relaciones saludables, están basados en la igualdad, el respeto y la independencia. El amor de verdad no tiene nada que ver con la sumisión, ni con el sacrificio, ni con “el aguante”.

Las relaciones basadas en los celos, reclamos y el control de la otra persona, son relaciones que van permitiendo y consintiendo la violencia.

Si tu relación presenta estos signos, estás a tiempo de reaccionar. La violencia contra las mujeres, incluyendo la violencia en el noviazgo puede prevenirse.

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Lic. Myriam Yali Romero Nieva Tel. (442) 213 4674 Querétaro. Apoyo Psicológico a Parejas, Terapia Individual y Familiar, Apoyo a padres con Adolescentes.