¿Te odias a ti mismo?

Para todos los que no están a gusto con cómo o quiénes son, y sienten hasta que se odian.

Hay muchas personas que admiten sus errores y defectos, otros que no están a gusto con cómo o quiénes son, pero hay unos más que rebasan la barrera y dicen que se odian por las más diversas causas.  Decirles que “valen mil”, que “se quieran más” y consejos similares sólo les hacen tomar conciencia de su “maldad” comparada con la “bondad” del que les quiere ayudar. ¿Cómo es odiarse a sí mismo y qué podemos hacer?

¿Qué odian las personas de sí mismas?
Lo que haya que odiar.
Tu aspecto, tu cara, tu cuerpo, tu poca inteligencia, ser alguien malvado, malagradecido, agresivo, un fraude, el hijo que decepciona, alguien con miedo, alguien defectuoso o imperfecto.

¿Por qué pasa?
Probablemente hubo un momento de tu vida donde aprendiste a mirar más tus defectos y a omitir tus talentos porque es lo que alguien más hacía.
Quizá de alguna manera fuiste omitido, ignorado por quien se supone debería haberte cuidado, lo que te llevó a concluir que no les importabas y a desarrollar la idea que que eres indigno de ser alguien amado o incluso aceptado.
Es esta idea, la de tu supuesta indignidad, la raíz del problema y no lo que pudo haber pasado en tu pasado.  Es la forma en que te narras los hechos lo que acaba por dañar tu autoestima.

¿Cómo pasa?
Pensamos que dentro de ti hay un Yo internamente dividido:
El Yo defectuoso.
El que es víctima de los juicios y críticas que la voz del Yo opresor le hace constantemente con cada cosa que hace o no hace.
Es un Yo oprimido e indefenso que ha acabado por creer, sin cuestionar, todo lo que el Yo opresor le achaca.
Es un  Yo pasivo y sufriente.
El Yo opresor.
Es una voz generalmente introyectada; generalmente voces de autoridad que no sólo aprendiste a escuchar, sino a reproducir como un eco malévolo dentro de tu cabeza.
Su cualidad primaria es precisamente que no te deja ser tú, porque para ese Yo opresor, nada es suficiente, todo está mal y hasta lo que te esfuerzas en hacer bien, siempre acabará por tener una mancha o imperfección que “lo eche todo a perder”.

¿Cómo se manifiesta esto?
Podemos decir que hay 4 formas o manifestaciones en que el odio a sí mismo se puede presentar y afectar nuestras vidas de distinta manera, dependiendo como el Yo opresor y el Yo defectuoso se relacionen entre sí, con los demás y con el mundo.
El común denominador entre estas 4 manifestaciones es que quien lo padece:
Se siente diferente o menos que los demás.  Como si fuera alguien “raro”.
Lo anterior lo hace tener una baja autoestima.
Su autoexigencia es muy grande, lo que le hace ponerse estándares muy costosos o hasta inalcanzables.

fuente: marthadebayle.com – Mario Guerra, Tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta.