Archivos de la categoría Familia

Madres Tóxicas

 

 

 

 

 

Las madres tóxicas son pilares en la educación de los niños que lejos de fomentar una madurez personal y  seguridad, anclan pesadas cadenas vetando por completo la independencia física y emocional de esa persona. El hecho que una madre tenga un comportamiento tóxico, no significa que no ame a sus hijos, sino que no sabe cómo relacionarse de una forma asertiva y empática con ellos.

La diferencia entre una persona feliz que desarrolla su potencial y otra que duda a veces, la encontramos en su niñez

Muchas madres no se comportan de forma tóxica a propósito. En ocasiones las causas de ese comportamiento se hallan en la infancia que ellas mismas tuvieron. Cuando se profundiza un poco en su historia, se encuentra que durante su niñez fueron controladas en exceso por sus progenitores o que estos las humillaban, maltrataban o se mostraban distantes emocionalmente.

1.- Desdeñosa

Se trata de madres que optan por ignorar los logros de sus hijos. Si estos hacen algo por hacerla sentir orgullosa, simplemente hacen caso omiso del esfuerzo, intentan minimizarlo o lo dan por descontado. Por ejemplo, si el hijo llega con un regalo, en lugar de agradecérselo, se limitan a decirle que era su deber.

El problema es que los niños están programados para buscar la aprobación y el amor de las madres, por lo que crecer sin su atención es muy dañino. Como resultado, las personas que han tenido una madre así se convierten en adultos que dudan de sus necesidades emocionales, se sienten indignos de atención y tienen una profunda necesidad de ser amados y validados.

2.- Controladora

Estas madres se niegan a reconocer que sus hijos son una persona independiente, con una personalidad propia y capacidad para tomar decisiones. Básicamente, el hijo se convierte en una extensión de ellas mismas, y debe estar dispuesto a hacer todo lo que ella desee. Estas madres pretenden controlar cada aspecto de la vida de sus hijos, incluso lo que deben pensar y sentir. Normalmente estas son sus palabras “ es por tu propio bien, porque solo una madre sabe lo que es mejor para su hijo”.

El resultado de ese control excesivo suele ser una persona terriblemente insegura, que vive con una sensación de impotencia perenne. Y es que la madre, al no validar sus palabras y comportamientos durante la infancia, le inculcó la idea de que no era capaz de tomar las decisiones por sí mismo y confiar en su juicio.

3.- Inaccesible

Las madres distantes emocionalmente están presentes físicamente y le proporcionan a su hijo los cuidados que necesita pero no le brindan afecto. Se trata de madres inaccesibles, desconectadas emocionalmente, que no responden con empatía a las emociones de sus hijos bridándoles la confianza y la seguridad que necesitan para crecer.

Obviamente, lidiar con una madre inaccesible emocionalmente puede ser muy difícil para un niño ya que estos comportamientos generan malestar y confusión. De hecho, se ha demostrado que incluso puede afectar la composición química a nivel cerebral ya que el intercambio afectivo es fundamental para estimular los receptores de cortisol en el niño, los principales encargados de absorber y amortiguar las hormonas del estrés. Por eso, estas personas pueden tener problemas para lidiar con el fracaso y las decepciones, así como sentirse culpables por ser felices y agobiarse con responsabilidades para compensar la ausencia emocional.

4.- Envidiosa 

Se trata de madres que denigran activamente a sus hijos y son hipercríticas ya que sienten celos de los logros de estos. El problema es que ven a sus hijos como rivales, por lo que les declaran la guerra, de forma abierta o encubierta. Generalmente recurren a armas como la culpa y la vergüenza. En vez de reforzar la confianza del niño e inspirar su potencial, piensan que es injusto que tengan éxito cuando ellas no lo han tenido. Como resultado, intentan aplastar sus victorias, haciéndoles sentir mal o culpándoles por su propio fracaso.

Obviamente, las personas que han crecido con una madre así suelen tener una autoestima muy baja y a menudo se sienten culpables, incluso por cosas que no dependen de ellos. También suelen sentir que son indignos de cualquier logro, por lo que intentarán quitarse méritos.

5.- Narcisista

Se trata de madres que están muy preocupadas por las apariencias y las opiniones de los demás, que mantienen una conexión superficial con sus hijos porque están demasiado centradas en sí mismas. Vistas desde fuera, pueden parecer madres modelos, pero lo cierto es que sus hijos se convierten en una auténtica cenicienta.

Por ejemplo, si el hijo llega con un problema y necesita el apoyo de la madre, es probable que esta le diga: “tú no sabes lo que son realmente los problemas”, y comienza a hablar de los suyos, haciendo caso omiso de las dificultades y conflictos del hijo.

Este tipo de comportamientos es muy desconcertante ya que los niños esperan que sus madres les brinden apoyo pero, en vez de eso, se encuentran subordinados a su ego, sometidos a una gran presión. Una madre narcisista pedirá atención y adoración pero por mucho que su hijo se esfuerce, nunca logrará complacerla. Estas personas, al llegar a la adultez, terminan viviendo con miedo a que sus palabras o actos puedan ofender a otros y a menudo establecen estándares demasiado altos para sí mismos, que generan una tensión innecesaria en sus vidas.

Psicóloga Miriam Yali Romero Nieva

Hiperpaternidad: cuando los padres temen a sus hijos

Resultado de imagen para niño y padre con miedo

Hiperpaternidad: Se trata de un modelo de crianza contraproducente, pues da el control a los niños sobre los padres. Y son estos últimos los que pasan el mando a los niños, consintiendo sus malas conductas y redimiéndolos con la justificación de que “son niños”.

Lamentablemente, la autoridad de los padres queda menoscabada, ya que estos sienten que retar o disciplinar les causará molestia a los “pequeños reyes”. Es como si tuviesen que pedirles permiso antes de corregirlos.

¿En qué consiste la hiperpaternidad?

La hiperpaternidad está muy relacionada con la sobreprotección; los papás quieren evitar a toda costa que los niños se aburran y que tomen decisiones responsables. Saben de memoria cómo deberían educar a los niños, pero se valen de excusas para no hacerlo, y no toleraran que otros adultos sean más firmes con sus hijos, sin importar las consecuencias de su comportamiento.

Tristemente, la figura materna o paterna termina desapareciendo. Los hijos comen lo que quieren, a la hora que quieren; son ellos los que eligen qué hacer y dónde hacerlo… cuando se cansan de llorar en los brazos de sus progenitores se pasan a su cama, desplazando incluso a mamá o papá, quienes tiene que dormir en otro lado. Terminan usando el llanto como manipulación y los papás ceden, todo para evitar decir la palabra “no”.

¿A qué se debe?

Estos papás se sienten mal por no estar al lado de los hijos todo el tiempo, pero se van al otro extremo al tratar de controlarlos a distancia. Al superprotegerlos, terminan asfixiando a sus retoños, sin darles la posibilidad de ser seres autónomos ni madurar adecuadamente.

El comportamiento de los niños pasa a ser el de verdaderos déspotas, ya que se acostumbran a que los padres harán todo por ellos. Por lo tanto, exigen de los demás sin pedir por favor, encontrando muy difícil tolerar cualquier frustración. Detrás de esa coraza se esconde el miedo, ya que temen a lo desconocido: a cruzar la calle solos, a pedir una indicación a otra persona si se pierden, etc. Y las consecuencias no son positivas, ya que se convierten en adolescentes retraídos, sin creer en sus propias capacidades.

La constante estimulación, la falta de tiempo y tener todo al alcance hacen que este modelo de educación monitoreada a distancia –evitándoles a los niños cualquier esfuerzo– bloquee el desarrollo de los hijos, sin que puedan ser conscientes de sí mismos y del mundo que les rodea, disminuyendo su sentido de responsabilidad.

Un doble mensaje

Cuando los padres actúan de este modo, transmiten un mensaje confuso a sus hijos: por un lado les piden que crezcan y se comporten de acuerdo a su edad, pero por otro se les ofrece una mamadera cuando ya son capaces de beber en taza; se les mete un chupete en la boca cuando necesitan expresar sus necesidades; se les lleva en cochecito cuando pueden correr por el parque. Al crecer, cuando están listos para desarrollar una habilidad y no la logran ejecutar, se resiente su maduración psíquica.

Como el niño es tratado como un bebé, en vez de progresar, se infantiliza. Y luego, se le está pidiendo que dé su opinión, dejándolo aún más confundido. Ya en la adolescencia, los padres los estimulan a tomar clases particulares de inglés, de música, de ciencias, pero descuidan los quehaceres domésticos en los que deben colaborar, responsabilidades tan básicas como hacer su cama o poner la mesa. Se trata de una contradicción gigante entre la teoría y la práctica que merma su independencia y su autoestima. En realidad, el amor propio de los padres también es afectado, una vez que los hijos toman malas decisiones y se confirma su mayor temor: ser malos padres.

¿Qué se puede hacer?

Se deben fijar normas desde el principio. Si los papás dudan respecto a la mejor manera de ejercer su rol, pueden seguir una pauta de crianza recomendada y ser responsables al cumplirla.

El pequeño debe comprender que el amor de los papás no significa permisividad. Con el pasar de los años, aprenderá que madurar implica superar desafíos, sufriendo a veces. No deben olvidar que educar es dirigir a los hijos, encaminarlos para que desarrollen habilidades, valores, modales, respetando siempre la autoridad de quienes se la merecen.

Se ha demostrado que la falta de autoridad y de apoyo causa frustración e inseguridad, incluso una sensación de abandono. Si los padres no proveen esta figura autoritaria, la terminarán buscando en otra parte.

Los niños no son capaces de educarse solos, requieren de adultos responsables que los críen coherentemente, con dedicación y tiempo, enseñándoles con su ejemplo. De esta manera aprenderán que todo ser humano tiene derechos y deberes, y que cada acto tiene una consecuencia; sólo con esfuerzo y capacidades desarrolladas llegarán a ser adultos competentes y autónomos. Más que hacer solamente lo que amamos, la persona debe aprender a amar lo que hace, y son los padres los que mejor pueden enseñar a sus hijos a desempeñarse en la vida real, libres de caprichos.

Síndrome de Alienación Parental, una forma de maltrato infantil después de un divorcio.

El llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un conjunto de síntomas que son consecuencia del uso de diferentes estrategias negativas por parte de uno de los padres, en las que ejerce influencia en el pensamiento de los hijos con la intención de destruir la relación con papá o mamá. Seguir leyendo Síndrome de Alienación Parental, una forma de maltrato infantil después de un divorcio.