Primera vez a terapia: qué hay que saber antes de empezar

La asistencia psicológica ayuda en la vida emocional y es necesaria para resolver distintos problemas que enfrentan los individuos a lo largo de su vida. El primer paso es reconocer que la persona no puede afrontar sola una situación que le genera angustia, como puede ser un duelo, una separación, un trastorno de ansiedad o personalidad. Hay diferentes enfoques para abordar la terapia, según la necesidad del individuo. La elección del tratamiento adecuado es vital para comenzar.

El psicoanálisis trabaja con la asociación libre. “Es fundamental que el paciente diga lo que le pasa por la cabeza por más mínimo que le resulte”. El analista trabaja con la atención flotante, es decir que escucha al paciente sin privilegiar ningún elemento del discurso de este último y dejando obrar su propia actividad inconsciente.

Se tienen en cuenta los sueños, olvidos y actos fallidos. Se pone el foco sobre aquello que el paciente desconoce, el inconsciente, y que se expresa a través de lo enunciado previamente. “Se bucea en lo profundo del psiquismo para disolver el síntoma”, expone la doctora Moneta.

La terapia cognitiva trata de focalizar cuáles son la situaciones para trabajar y “hace exposiciones con dichos conflictos por medio de ejercicios preestablecidos”, que también se realizan fuera del ámbito terapéutico para disminuir y, eventualmente hacer desaparecer la manifestación sintomática. El enfoque trabaja desde lo “observable fenoménico”, que es la conducta.

El tratamiento sistémico se aplica para el tratamiento de disfunciones, trastornos concebidos como expresión de las alteraciones en las interacciones, estilos relacionales y patrones de comunicación humano. Trabaja con el individuo como parte de un sistema e integra sus vínculos.

En términos generales, la persona que intenta iniciar un trabajo psicológico consulta con amigos, familiares y conocidos que estén haciendo terapia sobre las bondades de su terapeuta o bien que les pidan al psicólogo que los trata que les recomiende un colega.

“Las personas no consultan con cualquiera, se suelen buscar referencias. Cuando le dan el nombre del profesional, enseguida lo googlean y buscan su currículum vitae”.

Llegar por una recomendación es el escenario deseado ya que el eventual paciente cuenta con información de fondo que fortalece el vínculo inicial.

Una vez elegido el terapeuta, se produce un período de entrevistas iniciales que el psicólogo dedicará a la evaluación del problema. Concluida la evaluación, es de práctica común que el psicólogo formule un diagnóstico del problema, que no necesariamente se trata de un trastorno, sino del problema funcional que llevó allí al paciente. Este generalmente no se dará a conocer al paciente debido a que es “muy estigmatizante”, explica el psiquiatra Harry Campos. A partir del diagnóstico, el profesional efectúa la propuesta de tratamiento en la que explica qué terapia van a trabajar.

El especialista Andrés Rascovsky resalta la importancia de definir la modalidad de trabajo, en otras palabras, el contrato laboral. Un acuerdo verbal sobre la duración de las sesiones (pueden ser muy breves 10, 20 minutos o más extensas, de hasta 60 minutos); la frecuencia semanal, los horarios y los honorarios son todos factores relevantes a la hora de elegir un tratamiento.

En la mayor parte de las terapias se considera que la frecuencia ideal es de una vez por semana aunque en casos extremos o en las primeras sesiones, esta frecuencia podría ser mayor.

La relación terapéutica es estrictamente profesional, el vínculo no debe confundirse con amistad ni amor.

El médico Harry Campos advierte que en la terapia puede darse la transferencia (transferencia deriva de una percepción errónea o irracional del paciente sobre el terapeuta y que esto lo puede llevar a experimentar una serie de sentimientos (positivos o negativos) y a manifestar una serie de conductas (resistencias) que impiden el desarrollo adecuado de la terapia. De esta manera, es muy importante que el profesional también haga terapia constantemente.

La contratransferencia derivaría igualmente de la percepción errónea del paciente por parte del terapeuta y lo que puede esperar de éste. Esto podría llevarlo a experimentar sentimientos (positivos o negativos) hacia el terapeuta, de modo que su conducta resultaría improductiva para la labor terapéutica. En ambos casos, éste es un escollo que si no se sortea, se debe abandonar la terapia.

La licenciada en psicología Eugenia González destaca que transcurridos los dos meses de encuentros es un tiempo prudencial para percibir si la relación terapeuta – paciente es la deseada. “No hay que creer que porque una terapia no funcionó como se esperaba, la terapia en sí no funciona”, sugirió

Siempre hay que evaluar ambas puntas: el terapeuta, si hay conexión y si el paciente está preparado para realizar el tratamiento.

El rapport se refiere en general, a un acuerdo de metas, objetivos y procedimientos terapéuticos entre el paciente y el terapeuta. Es útil que el terapeuta clarifique las expectativas que el paciente trae a terapia; que las contraste con el paciente y evalúe si le parece poco razonable o inadecuadas. También el terapeuta se pone en la misma “onda” del paciente a través de la empatía, aceptación y autenticidad que se deben dar en el feedback.

El terapeuta y el paciente forman un equipo de trabajo que tiene como fin detectar los pensamientos negativos y los supuestos personales para poder trabajar en su modificación.

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