Heridas y necesidades: La bronca de lo no resuelto

Para entender y dejarnos sentir la “herida”, usamos el término “niño interior, niño emocional”. Esto es simplemente una metáfora para describir una parte de nosotros extremadamente vulnerable y valiosa que ha experimentado traumas en la forma de represión, traición e invasión.

Como resultado de este trauma nuestra esencia y dones naturales se cubrieron por una capa de vergüenza y se paralizaron con miedo o rigidez. En vez de confiar, vivimos desconfiando, en vez de relajarnos vivimos tensos y nuestra inocencia se cubre con defensas y estrategias de sobrevivencia.

REGRESIÓN A LA INFANCIA

A pesar de que vivimos en un cuerpo adulto, también hay un aspecto de nuestra conciencia que es como un niño, y es la que llamamos “la parte infantil, el niño/niña interiores”. Vive lado a lado con nuestro “adulto funcional”. Normalmente nos la arreglamos para esconder esta parte, incluso de nosotros mismos, pero en situaciones de estrés, decepción, dolor, miedo o frustración, esta parte nuestra se hará presente y con frecuencia provocará que nos portemos como niños. Para trabajar con alguien o poder mantener una relación, cualquier relación, necesitamos desarrollar un entendimiento y aprender a contener esta parte infantil.

En esencia, el niño, la niña, es solo espontaneidad, inocencia, ganas de jugar, curiosidad, y entusiasmo natural. Si hubiésemos recibido de niños este amor y apoyos incondicionales que necesitábamos, esta espontaneidad y energía permanecerán intactas.

Pero este espacio natural es cubierto con un profundo miedo, casi pánico, como resultado directo del abuso y los traumas que vivimos de niños. Debido a esto es que nuestr@ niñ@ vive en desconfianza, frecuentemente derrumbándose, aislándose, sintiendo vergüenza y shock y con una inmensa falta de confianza y amor a sí mism@.

Esta historia inicia cuando nacemos, o incluso desde el vientre. En ese momento, solo tenemos un círculo y este representa nuestra esencia.

Guarda esas cualidades y dones básicos con los que todos nacemos. Algunas son universales tales como el ser amorosos, el gozo, entusiasmo, vitalidad, confianza, curiosidad.

Otras son totalmente únicas y especiales de cada quien.

Vulnerabilidad herida
Al pasar los años, la historia se complica.
Por muchas situaciones que todos vamos pasando, en casa, en la escuela, familia, amigos, etc. Nuestra inocencia se daña poco a poco, nuestra confianza se vuelve desconfianza, nuestra espontaneidad y curiosidad se llena de miedo y precaución y perdemos mucha de nuestra vitalidad original, y nuestra confianza se convierte en duda e inseguridad.
Nuestra esencia se cubre con una capa de dolor, desconfianza, vergüenza y miedo. Nos llenamos de inseguridad profunda, sentimientos de no valía. Miedo e incluso congelamiento y un dolor profundo.

Cuando un niño, una niña no es tratad@ con amor y respeto, llega un momento en que cree que eso es lo que merece.
Cuando l@s niñ@s no reciben apoyo en desarrollar sus habilidades naturales pierden el amor a sí mism@s y la confianza en las personas, y pueden llegar a pensar que este mundo es hostil y peligroso.

Un niño, una niña, no puede ver que son los padres, o cuidadores los que tienen el problema, ell@s se culpan.

Al final empezamos a creer que estamos defectuos@s, dañad@s, y que no merecemos amor o respeto.

Dado todo este dolor, inseguridad y miedo que llevamos en esta capa de en medio, hemos construido una capa para cubrir todos estos dolorosos sentimientos.

Esto es lo que llamamos “La capa de protección”.
Esta capa de protección es nuestra armadura. Nos ayudó ya que fue nuestra sobrevivencia.
Es bueno saber que podemos protegernos cuando lo necesitamos y que podemos evitar personas o situaciones que son poco sanas o dañinas. Pero el problema es que esta capa nos mantiene alejad@s de nuestra esencia, de nuestro verdadero Ser.
Desafortunadamente nuestra protección ya no es una elección consciente basada en situaciones de nuestra vida presente.
Se ha vuelto inconsciente, habitual y automática.
Está basada en lo que proyectamos en nuestras vidas presentes por causa de experiencias en el pasado.
Vivimos en la capa de protección como robots, reaccionando a la vida, a las personas y a las situaciones actuales desde las improntas del pasado. No estamos viendo la vida, las personas o incluso a nosotr@s claramente.
Desde la protección, convertimos nuestras vidas en un pleito, un acto de complacencia, ceder todo el tiempo, un drama y una tragedia.

Mientras no nos hagamos conscientes y aprendamos a des identificarnos de la parte herida, trabajando con ella, cultivemos al adulto, adulta san@, depuremos nuestras creencias, seguiremos tomad@s por esa parte inmadura y atorad@s en el pasado, esto nos impide vivir en el aquí y ahora y responder a la vida de manera consciente y asertiva.

Las heridas emocionales son la consecuencia de no haber sido satisfech@s en nuestras necesidades a lo largo de nuestro desarrollo al cien por ciento. Estas necesidades siempre están presentes en nuestra vida pero hay unas que se muestran como las más importantes de acuerdo a la etapa que el niño, la niña viven.

Hablamos de 5 heridas: 

La primera necesidad es de pertenencia. El bebé necesita sentir que pertenece, que es bienvenid@ y que está esta segur@ con los padres, el hogar a donde llegó.
La herida es no sentirse desead@ y segur@. “Niñ@ rechazad@”

La segunda necesidad es la sensación de ser amad@, vist@, apapachad@.
La herida nace de la profunda experiencia de sentir que nadie te quiere, sentir soledad, abandono y que a nadie le importas.”Niñ@ abandonad@”

La tercera necesidad es sentir la libertad de ser, la autonomía, el “yo puedo”.
La herida es sentirse manipulad@, el miedo a verse débil, el ser traicionad@.
“Niñ@ traicionad@”

La cuarta necesidad es mi ser único y el sentirme amad@ y aceptad@ en esa unicidad.
La herida es la profunda sensación de insuficiencia, deficiencia, de ser inadecuad@s, y de que somos fundamentalmente incorrect@s. “Niñ@ avergonzad@”

La quinta necesidad es poder expresar los impulsos sexuales y creativos de una forma espontánea. Aceptación de la sexualidad y de los éxitos y fracasos por igual.

La herida es haber sido condicionad@ y sentirse reconocid@ y valorad@ solo por los logros y el hacer y no por el simple ser. Esto provoca un gran miedo a fallar y la compulsión del perfeccionismo.   Y ante la no aceptación de la sexualidad se crean conflictos con ella y miedo a la entrega. “Niñ@ bien portad@”



fuente: marthadebayle.com

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